Los 2s y los NOs

Reproducimos un interesante artículo de Mónica Serrano sobre cómo tratar las rabietas de los 2 años, aparecido aquí.

Desde su nacimiento, el niño ha ido generando el vínculo de apego con sus padres que le garantizaba su supervivencia, para lo cual dependía de sus cuidadores para satisfacer sus necesidades más importantes (alimentación, cobijo, afecto…).

Alrededor de los dos años de edad, los niños han alcanzado un nivel de desarrollo evolutivo (lenguaje, motor, cognitivo, social y afectivo) que les permite iniciar su camino hacia la independencia. Ya hay muchas cosas que pueden hacer por sí mismos y su propia naturaleza les motiva a querer ser cada vez más autónomos.

Así, a la edad de tu hijo, los niños están comenzando a adquirir habilidades de autonomía e independencia. Esta adquisición es un proceso largo que durará varios años pero que comienza en torno a los dos años de edad.

En este comienzo, las herramientas de los niños para desarrollar su autonomía e independencia son rudimentarias. Con el tiempo, irá desarrollando estrategias más sofisticadas.

Así, a los dos años de edad, el niño posee una estrategia muy simple para autoafirmarse e ir plasmando su independencia: negar al otro, oponerse. De esta manera, el niño comienza a expresar lo que él no es, puesto que aún no es capaz de expresar lo que es. La diferenciación de los otros por parte de uno mismo es un importante paso para la adquisición de la identidad personal del niño y de su independencia de los demás.

Por lo tanto, el oposicionismo de los niños de estas edades es una estrategia natural de su desarrollo que les permite avanzar hacia formas más sofisticadas de construcción de su identidad personal e independencia.

Cuando los padres no conocen ni comprenden este mecanismo natural de sus hijos surgen los conflictos. El niño se opone y los padres tratan de evitar que se oponga. Entonces aparecen las rabietas, como producto del conflicto interior que le provoca al niño su necesidad de autoafirmación y la incomprensión por parte de sus padres de esa necesidad.

Generalmente, las rabietas comienzan a aparecer hacia los dos años y cesan en torno a los cinco. Éstas forman parte del proceso evolutivo de todos los niños en mayor o menor grado.

Cuanto más empáticos y respetuosos sean los padres con sus hijos, más suaves serán las rabietas.

Así, ante las rabietas, los padres deben actuar atendiendo a algunos consejos:

– Comprendiendo que el niño está actuando en respuesta a una necesidad de su desarrollo, no pretende retar a los padres o tomarlos el pelo.
– Permitiendo que hagan lo que desean para que puedan afirmarse como individuos, siempre y cuando no sean conductas peligrosas.
– Evitando las situaciones que conocemos que propiciará la rabieta si es posible. Todos los padres sabemos en qué situaciones nuestros hijos van a reaccionar de una determinada manera. Esto nos permite, muchas veces, evitar conflictos.
– Dialogando con el niño, explicándole que le comprendemos, pero también contándole lo que deseamos nosotros que haga y dándole alternativas a la rabieta.
– Permaneciendo junto a él cuando se desencadene la rabieta, mostrándole nuestro apoyo emocional, entendiendo su sufrimiento y consolándolo.

De esta manera, en tu caso concreto, lo más recomendable es que le ofrezcas a tu hijo otras opciones cuando no quiera caminar. Si cargarlo en brazos no te viene bien, puedes llevar una sillita de paseo o un portabebés (mochila, mei tai, bandolera…). Así estarás evitando la situación conflictiva. No debes regañarlo por no querer caminar ni pretender que te obedezca. Necesita crecer personal y emocionalmente, y que le permitas decidir a él mismo le ayudará a ello.

Si le enseñas a obedecer siempre y a no conseguir lo que quiere, estarás propiciando una personalidad sumisa. Si le permites decidir, negociar y elegir, estarás propiciando una personalidad asertiva.

Consulta publicada en www.maternidadcontinuum.com

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